Ayer cuando hablamos, había recién tenido una conversación muy compleja con mi madre. Fue un día tan extraño ¿sabes?. Primero, lo mío con mi papá va de mal en peor, y yo que pensaba que quedándome callado era mucho mejor. No peleamos, pero ahora nos llevamos pésimo siempre. Fui a ver una película, que habla sobre cómo somos los humanos hoy en día, cómo las diferencias nos hacen hacer estupideces, y cómo no somos capaces de tolerar al que está al lado. Me tocó profundamente, creo que de verdad no podría describirte la forma en que me sentí. Fue un especie de recordatorio, es como si me hubiesen pegado con un palo en la frente, y sentía que me hundía cada vez más en mi asiento, y quería llorar y llorar, y lloré; poco, pero lloré.
Cuando llegamos a la casa, una once sin sentido, un grupo de música que descubrí, y mi mamá pidiendome que vaya a acompañarla porque mi papá ya había subido a su pieza y yo estaba en el computador. Fue ahí cuando comenzó a hablarme sobre tantas cosas Paloma, que me sentía como una esponja que tragaba mierda y que no tenía derecho de decir algo de vuelta. Intenté hacerlo, intenté decirle cosas, consolarla, pero no me dejaba. Me interrumpía apenas abría mi boca, no me escuchaba, era su mundo interior revelándose, desahogando tristezas y miedos tan antiguos que sencillamente no había nada que decir. Sólo podía escuchar.
Aún no sé que hacer con todo lo que me dijo, con todo aquello que me confesó. Siento que me entregó una responsabilidad, como si en mi existiese una posibilidad de resolver en algún gramo lo que está sucediendo ahora. Pero no me atrevo. No soy capaz de ir donde mi papá y abrazarlo, no soy capaz de decirle que lo quiero y que me importa. No puedo y sinceramente, no sé si podré.
No son necesarias respuestas amiga, sólo que me escuches, eso me basta. Un gran abrazo para tí, y gracias por años de escuchar a este, tu amigo que te quiere mucho.